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jueves, 21 de abril de 2016

Delito y castigo en la sociedad anarquista.


Artículo extraído de Alasbarricadas.org

Esta es la pregunta que con frecuencia se realiza, cuando en alguna discusión manifestamos que los anarquistas queremos eliminar cárceles y cuerpos de policía en la futura sociedad libertaria.

Normalmente el anarquista responde que el tipo de delito de esta sociedad, es la consecuencia de una serie de causas: si hay dinero y desigualdad en su reparto, habrá quien lo robe. Por el contrario, si desaparece el dinero y la posibilidad de acumular riqueza, dejará de existir el robo. Es decir: si eliminas la causa, desaparecerá el efecto. En una sociedad anarquista, en una sociedad libre, sin dominación e igualitaria, multitud de delitos desaparecerán.

A pesar de ello, objetan, seguirá habiendo crímenes, ya que determinadas conductas sociopáticas no dependen del ambiente, ya sea la sociedad más libre que se pueda imaginar. Hay conductas que vienen inscritas —de alguna manera—, en la propia personalidad. Hay individuos que disfrutan matando, vejando, humillando sexualmente. Hay personas que llevan en la sangre el asesinato, que se ven compulsivamente impelidas a realizarlo... Y vuelven a preguntar: «¿cómo neutralizaríais a esos sociópatas?, ¿qué haríais con ellos?».

Lo que vienen a decir, es que hace falta un cuerpo policíaco eficaz que investigue esos casos escabrosos, y una institución que reinserte socialmente a los delincuentes.

A esto respondemos lo siguiente: que en la actualidad la policía no es eficaz para erradicar el delito; que la cárcel no sirve para la función de reinserción social; que de la ley no emana la justicia. 

A) La policía no es eficaz para erradicar el delito. La creencia en su eficacia es debida —en gran medida—, al autobombo y a la propaganda.
  • En la sociedad se producen un número de delitos muy superior al de los que son conocidos por la policía, ya que la mayoría de los pequeños delitos no son denunciados. De los delitos conocidos mediante denuncia, muchos no son investigados y se archivan. De los que son investigados, tan solo el 30% son resueltos. De los que son resueltos habría que descontar los que son mal resueltos culpabilizando a inocentes con buena o mala fe, o los que se dan por resueltos sin haberlo sido...
  • El Ministerio del Interior suele además falsear las estadísticas para que aparezcan menos delitos de los realmente conocidos. 
  • Si combatir el delito es el objetivo de la policía, se la debería ver en los barrios marginales, controlando los puntos de venta de droga, el tráfico de armas, los vehículos robados... Sin embargo, en estos barrios no sólo no hay comisaría, sino que es muy raro que entren en ellos unidades policiales, dada la hostilidad con que son recibidas.
  • Por el contrario la policía a quien se dedica a controlar concienzudamente, es a ciudadanos “normales”. Quien está correctamente identificado, trabaja, posee domicilio, no va armado, carece de instintos agresivos..., es más fácilmente controlable. La policía no sirve tanto para reprimir al delincuente, como para evitar que la gente de «ley y orden» se atreva a delinquir. Piénsese en la cantidad de medios «antidisturbios» que posee la policía.
  • En consecuencia lo que pretende la policía no es erradicar la delincuencia, sino mantenerla dentro de unos límites. Es decir, que exista un ghetto sirve —según este razonamiento—: primero para justificar el gasto en un apartato represivo; segundo, para que el ciudadano honrado se sienta defendido. De esta manera la víctima acaba pagando a su propio verdugo. No decimos que esto sea consciente, sino que funciona de esa manera.
  • La policía sólo podría ser eficaz cuando hubiese pocos delitos. En una sociedad como la nuestra, en la que se cometen delitos continuamente, sólo es eficaz en aquellos casos especialmente relevantes a los que «miran» o que «interesan».
  • Hay muchos delitos, porque las circunstancias de esta sociedad favorecen que los haya. Al existir un régimen que defiende la propiedad privada, la desigualdad y el privilegio, de los más de dos millones de delitos «conocidos» que se producen anualmente, el 80% son «contra la propiedad». Este número ingente de delitos, convierte en ineficaz cualquier actividad policial.
  • La policía no sólo es ineficaz para eliminar el delito, sino que más a menudo de lo que parece, lo impulsa y estimula.
  • Hay que mencionar, además, los propios delitos que realiza la policía en el ejercicio de sus funciones: desde negligencias hasta abusos, cohechos, torturas, asesinatos...
B) La cárcel no puede reinsertar al delincuente. La función de la cárcel no es la de reinsertar al delincuente en la sociedad de la que se ha salido. Es absurdo que se pretenda socializar a alguien, sacándolo de esa sociedad, desarraigándolo, aislándolo tras unos muros, hacinándolo con miles como él, y haciéndole pasar una serie de humillaciones que quitan la dignidad y la libertad de las personas. Un régimen de esclavitud sólo puede generar su propia perpetuación y la sumisión o la reacción violenta de quienes lo soportan. Por eso la cárcel es un antro en el que los abusos, la violación de los derechos humanos, los asesinatos..., son tapados con hermosas palabras como reinserción. La función de la cárcel es la que siempre ha tenido: la ejecución en el último tramo del circuito represivo, de la venganza y el castigo de aquellos grupos que son privilegiados por las leyes. Esta venganza se efectúa sobre un preso, del que se espera su sometimiento, o en caso de no conseguirse, su aniquilamiento.

C) La ley no puede proporcionar la justicia. Porque las leyes lo que hacen es asentar privilegios e injusticias. Vivimos en una sociedad desigual, en la que unos son pobres y otros ricos. Dado que las leyes se dedican a la defensa de la propiedad privada y los derechos de los individuos, lo que hace la ley es refrendar la desigualdad. Al definir como delito que el que no tiene tome aquello que posee el que tiene, lo que hace es condenar a la cárcel a los desposeídos.

A pesar de todos los argumentos de los clásicos y de los modernos que ofrecemos en contra de las cárceles, policías y leyes, los detractores del anarquismo insisten en que en una sociedad anarquista, aún existiendo pocos delitos, siempre se tendrán que perseguir los de los individuos claramente enfermos, o simples criminales, que atenten contra la vida y la integridad de las comunidades y de las personas, y que para ello seguirá siendo inevitable la creación de cárceles y cuerpos de seguridad.

Imaginemos pues, que en una comunidad anarquista aparecen una serie de muertes misteriosas (pongamos un centenar), cometidas por un asesino invisible, letal, silencioso, que no deja huella a su paso. ¿Quién se ocuparía de descubrirlo?

La respuesta es que lo descubriría el servicio de salud pública, a través de su equipo de vigilancia epidemiológica, siguiendo los métodos de la ciencia médica. Así se determinan los agentes causales de distintos envenenamientos masivos, poniendo nombre y apellido al veneno y señalando al responsable: la talidomida, el mercurio, el vibrión colérico, los aceites industriales. No se llama a la policía para descubrir una secuencia de cien fallecimientos y miles de lesionados. No se espera a decenas de tipos vestidos de azul y armados con porras. Se avisa a los epidemiólogos, a biólogos, a técnicos, a científicos, hombres y mujeres vestidos de calle o con bata blanca, que preguntan, observan, analizan, descubren y toman medidas. Quien es capaz de encontrar un virus, puede descubrir cualquier asesino, sea humano o venido de ultratumba. Y son esos técnicos, que no ostentan la capacidad represiva de un policía, quienes pueden aislar, controlar y reducir esas posibles amenazas, mediante la ayuda —si es preciso—, de otros profesionales que intervienen en situaciones de catástrofe: bomberos, protección civil.

No hace falta —por lo tanto—, un cuerpo dotado de funciones represivas, que se beneficie del delito para justificar su existencia.

 Artículo extraído de Alasbarricadas.org

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miércoles, 19 de mayo de 2010

Ideología Anarquista: Emma Goldman



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Fuente ampliada de esta información: Alasbarricadas.org
Célebre anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos radicales, libertarios y feministas, fue una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.

Emma Goldman nació el 27 de junio de 1869, en el seno de una familia judía de Kaunas en Lituania. Durante el periodo de represión política que siguió al asesinato de Alejandro II y cuando contaba 13 años, se trasladó con su familia a San Petersburgo. Emigró a los Estados Unidos con una hermanastra tras el enfrentamiento con su padre que pretendía casarla a los 15 años.

En New York conoce y convive con Alexander Berkman y pasa a ser la principal dirigente del movimiento anarquista de los Estados Unidos. Su apoyo a Berkman en la tentativa de asesinato de Henry Clay Frick la hizo todavía más impopular frente a las autoridades americanas. Berkman fue encarcelado durante varios años.

Públicamente instigó a los obreros en paro a Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan. Esta cita es un resumen del principio de expropiación preconizada por los anarco-comunistas como Piotr Kropotkin.

Tras varios arrestos por su activismo anarquista fue de nuevo arrestada en 1901 por participar en el complot de asesinato contra el Presidente William McKinley. Uno de ellos, León Czolgosz le había disparado pocos días antes. Emma, le conoció semanas más tarde y se vio con él una sola vez, al ser arrestada dijo: ¿Tengo yo la culpa de que un loco haga una mala interpretación de mis palabras?

Hizo públicas sus profundas convicciones pacifistas durante la Primera Guerra Mundial y criticó el conflicto por considerarlo un acto de imperialismo. Dos años después fue deportada a Rusia. Durante la audiencia en la que se trataba de su expulsión, J. Edgar Hoover, que era el presidente de la misma, calificó a Emma como una de las mujeres más peligrosas de América.

Residió en la URSS con A. Berkman y participó en la sublevación anarquista de Kronstad. Apoyó a los bolcheviques en contra de la división entre anarquistas y comunistas, hecho que se produjo durante la primera Internacional. La represión política, la burocracia y los trabajos forzados que siguieron a la Revolución rusa contribuyeron, en gran medida, a cambiar las ideas de Goldman sobre la manera de utilizar la violencia, excepción hecha de la autodefensa.

Disconforme con el autoritarismo soviético, se instaló definitivamente en Canadá. En 1936, Goldman colaboró con el gobierno español republicano en Londres y Madrid durante la Guerra Civil española.

Emma Goldman murió el 14 de mayo de 1940 en Toronto y está enterrada en Chicago.

Ideas sobre la Mujer Nueva:
El Matrimonio, el aborto y el amor libre.


Siempre creyó que el matrimonio era una desgracia, no sólo para las mujeres sino también para los hombres. Para ella, no existía ninguna relación posible entre el matrimonio y el amor. Su razonamiento partía de la base de que aquella institución estaba concebida para sacrificar a las mujeres en el altar de la maternidad, y para estrangular toda posibilidad de independencia y de creatividad personal en ellas. El matrimonio había sido ideado por los dos grandes monstruos de la sociedad contemporánea: el estado y la religión. Solamente cuando los hombres y las mujeres entendieran al fin que una pareja debía unirse con el único propósito de crecer juntos en todos los terrenos posibles, sería posible remontar los objetivos sordidos para los cuales la sociedad burguesa había inventado el matrimonio.

En muchas ocasiones Emma Goldman tuvo que ser sacada de los salones de conferencias y de algunos "mitines" acompañada por la policía, pues sus puntos de vista resultaban intolerables para la "sociedad puritana" como ella la llamaba. Promover y defender el aborto, significaba indicarle al estado burgués que el cuerpo le pertenecía a las mujeres y que podían hacer con él lo que les viniera en gana. Era decirle al pueblo culto y civilizado que traer hijos al mundo, educarlos y atenderlos como verdaderos seres humanos, implicaba sustancialmente la toma de una decisión consciente y responsible por parte de la pareja o de la persona interesada en dicho proyecto, no del estado o de alguna iglesia que predicara la maternidad como una función al servicio de la sociedad civil.

El amor libre que predica Emma Goldman no es igual al amor promiscuo. Lo más natural que tiene un ser humano es su sexualidad, por eso todo tipo de organización social es anti-natural, porque la naturaleza no conoce de organizaciones para darle paso a los mecanismos auto-reproductivos más fluidos y perfectos que el hombre pueda imaginar. Toda institución diseñada para controlar la espontaneidad de la naturaleza está condenada al fracaso o a la destrucción de la naturaleza misma. Y en esa dirección no hay nada más libre que el amor.

La propuesta del amor libre hecha por los anarquistas tiene que ver particularmente con la más sencilla, y al mismo tiempo la más complicada de las escogencias que hace cualquier ser humano en cualquier parte del mundo, en todo momento; nos referimos a la pareja con quien desea unirse, o al amigo o amiga con quien quisiera compartir sus más profundos y acendrados ensueños.

Sobre el Autoritarismo

Emma veía algo más que un conjunto de expresiones mal articuladas de distintos autoritarismos, visión que no llegó a completar en su análisis de la revolución rusa. Pero la participación de los anarquistas en la guerra civil española, la hizo pensar en las posibilidades del individuo y de la organización con fines eminentemente de ayuda mutua. Sin el apoyo de las brigadas internacionales el autoritarismo franquista en España se hubiera instalado en el poder mucho antes de lo que tenía previsto la historia. Esto lo comprendió muy bien Emma y desde sus reflexiones tempraneras sobre el burocratismo excesivo de la revolución rusa, ya preveía el daño que puede causar a la libertad individual una maquinaria burocrática especialmente diseñada para estrujar cualquier expresión de iniciativa personal que trate de sacudirse los controles de la misma. Con posterioridad hombres como Trotksy, que por una triste ironía moriría asesinado por un agente estalinista en México el mismo año que Emma, le darían a ésta, sin reconocérsela, la razón de su análisis sobre el estrecho contacto entre autoritarismo y totalitarismo para entender el desarrollo del pensamiento político occidental. Sin embargo, a pesar de sus cálidas intuiciones teóricas, Emma fue antes que nada, un gran testimonio sobre lo que la práctica le tiene reservado a los intelectuales y activistas de pefil libertario. Más todavía cuando se trata de mujeres. En este caso, Emma hizo lo que muchos anarquistas varones no hubieran podido: correrles el velo a las mujeres de su ceguera sobre el papel que debían jugar en la sociedad, y sobre todo, hacerles ver que en un régimen autoritario ellas son doblemente oprimidas. Por eso, sostenía, la mujer tiene una propensión natural hacia el anarquismo.

Fuente ampliada de esta información: Alasbarricadas.org

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